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Mami, el barrio de Lavapiés tiene ojos

enero 2, 2010

Lavapiés

Un banco y una cerveza, comunmente denominada yonkie- lata de 50 cl.
He tenido suerte de encontrar un oasis de fresco alejado del sol abrasador propios de los veranos madrileños de efecto invernadero y hastio.
Me dispongo a leer un libro de relatos, “Otras palabras” cuando, mares de seres humanos, toman mi atención en un hechizo que me abstrae de mi misma.
Una jóven hindú alegra, con su llamativo atuendo color berenjena y fucsia , las caras de quién se cruza en su camino mientras un pequeño de origen japonés pasea de la mano de su progenitor quién , a su vez, carga con una bolsa de dimensiones desproporcionadas. A mi derecha, aparecen un grupo de africanos con sus largos vestidos de impoluto lino, charlando animadamente en un idioma initeligible para mi pero tremendamente embelesador.
En el extremo contrario, la madera, registra a un grupo de rumanos que, en un castellano muy personal, arremeten contra ellos empleando un lenguaje no verbal que supone una de las pocas señas de identidad de la humanidad entera.

Todo Lavapiés se encuentra en un devenir de cañas y risotadas, de negocio y vida.
Todo Lavapiés ruge a la par…pero, desde hace unos meses, ruge susurrando, en esquinas y recodos, en puntos ciegos a las miradas escrutadoras de sus espías.

Si hace unos veinte años alguien le hubeira comentado a otro anónimo que las máquinas vigilarían los pasos de los hombres, es muy probable que las carcajadas, seguidas de etanol o cannabis hubieran inundado el aire endulzado de incienso; pero hoy ya nadie se ríe.
Hoy Lavapies tiembla como una hoja a punto de caer del arbol en la estación otoñal,
Hoy la vigilia de unas cuantas cámaras de seguridad son el velo de la delincuencia ilegal – que no la legal, en esa nunca habrá cámaras , a lo sumo caviar y ópera -, del otro Lavapiés, del Lavapiés animal. Ese que yo observaba con verdadera fascinación, del qeu aprendí que el miedo es tan inútil como caminar apretándose el bolso – para el que lo tenga – y mirando hacia otro lado.
Nunca miré hacia otro lado, nunca temí las callejuelas de Lavapiés…Hasta…
hoy

Gracias.
D.

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